COVID-19 y crisis aeronáutica

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De repente… la crisis.

Jamás en la historia de la aviación pasó algo así. Hubo guerras que cambiaron todo, el 11 de septiembre de 2001 cambió todo, hubo cuestiones técnicas que cambiaron mucho, pero nunca en la historia del transporte (aéreo y de superficie) se produjo una situación en la que de la noche a la mañana, todos los servicios se cortaron.

 

 

No hay que ser especialista para darse cuenta de la gravedad de la situación. Desde lo económico, no se vende ni se compra nada relacionado con la aviación, desde lo social y demográfico, no se viaja más. Repentinamente, la aviación civil ha dejado de tener razones para existir. Y nadie tiene certezas sobre cuándo y cómo vendrá la solución.

Sabemos que la aviación ha sido capaz de sortear situaciones difíciles, y que cuando éstas pasaron encontró nuevos cauces para desarrollarse. Durante las grandes guerras nunca desapareció, operó donde pudo y como pudo, pero operó. Es cierto que muchas veces requirió un importante sostén económico y político, y también es cierto que eso la convirtió en una industria muy dependiente de los diversos gobiernos, pero la conclusión es que siempre sobrevivió, aunque con formatos distintos a los anteriores. La OACI, junto con miles de otras cosas, es el resultado de la voluntad de superar una crisis.

Por eso, no tengo dudas de que hay un futuro, pero tampoco dudo de que ese futuro será distinto. La aviación ya estaba en crisis, desde hace mucho y por otros motivos, y esta convulsión, seguramente, va a poner en evidencia algunas de sus antiguos problemas no resueltos.

Uno de los más conocidos es la sobreoferta, pero el más fuerte de los últimos tiempos fue el grounding del MAX, que puso en tela de juicio la seriedad de Boeing (uno de los mayores fabricantes de altísima tecnología del mundo) y de los entes reguladores de los países considerados más serios del planeta. En síntesis, una crisis de confianza.

Pero la crisis que viene en el transporte aéreo estará inscripta en una crisis mundial que será demoledora y que, por lo que se ve, deberá ser encarada por un sistema que carece de líderes fuertes.

Hoy la oferta de viajes aéreos regulares es cero, y nadie sabe cómo evolucionará. Eso quiere decir que nadie sabe cuál será la demanda, cuántos aviones serán necesarios, cuántas aerolíneas cuántos y cuáles aeropuertos y, menos aún, cuánto personal. Sólo sabemos que en el futuro habrá aeronáutica y que ésta será distinta.

Autor: Luciano Potente

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